Abu Dhabi Mon Amour
El bucle infinito de la UAB Llevaba treinta y dos años en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Treinta y dos. Eso es más tiempo del que pasan algunos reclusos por delitos de sangre. Mi vida se había convertido en una cinta de Moebius de aburrimiento y rutina. Y miren que a mí me gusta la rutina; soy un hombre que disfruta sabiendo exactamente qué marca de café habrá en la máquina de la facultad, pero aquello ya rozaba la catalepsia existencial. Durante tres décadas, mi existencia fue un calendario circular: empezar las clases en septiembre, preparar apuntes que ya amarilleaban, diseñar actividades de laboratorio donde el material más avanzado era un osciloscopio que probablemente vio la Transición , dirigir doctorandos con crisis de ansiedad, mendigar financiación para proyectos, redactar informes que nadie lee y asistir a reuniones de coordinación donde se coordinaba la nada más absoluta. Todo un lío de responsabilidades que la universidad te echaba encima con la misma g...