La llamada de África
I. De custodias compartidas, vacíos existenciales y el terror al turista en chanclas Hacía ya tres años que el sacrosanto vínculo del matrimonio se había ido al garete, dejándome con un piso más vacío, una cuenta bancaria más triste y la famosa custodia compartida. La matemática del divorciado en verano es una ciencia lúgubre y exacta: las niñas te tocan quince días, y los otros quince te conviertes en un fantasma arrojado al abismo del tiempo libre. Durante las dos semanas con ellas, eres un animador sociocultural hipervitaminado; pero cuando se van con su madre, te enfrentas a un abismo de dos o tres semanas de «vacaciones de soltero». Para un tipo normal, esto sería jauja. Ibiza, pulseritas de todo incluido, mojitos aguados y el cerebro en coma etílico. Pero a mí nunca me ha gustado ir a los típicos sitios infestados de turistas con quemaduras de tercer grado y calcetines blancos bajo las sandalias. En verano, huir de la horda en celo es estadísticamente imposible en Europa. U...